Mi trabajo sobre un tema particular de los kioscos es hablar sobre si los kioscos son una costumbre argentina o existen en todas partes del mundo. Por lo averiguado, tener un kiosco, un almacén, es una costumbre argentina, no existe en muchas partes del mundo, en Argentina es normal encontrar hasta tres o cuatro kioscos en una cuadra. Hay un promedio de un kiosco cada 400/500 habitantes. “Tener kioscos cerca es un beneficio enorme porque encontrás cualquier cosa y te saca de apuros” dijo Walter, un cliente de uno de los kioscos visitados.
Cualquiera que haya salido del país sabe que fuera de Argentina no existen los kioscos. O por lo menos, no existen tal como los conocemos acá, como emprendimientos de todo tipo de tamaño y estructura, en donde se pueden conseguir desde golosinas hasta gaseosas, cigarrillos, figuritas coleccionables, preservativos, recargas de SUBE y hasta bebidas alcohólicas. Los kioscos pueden ocupar toda una esquina o apenas un pasillo; estar abiertos las 24 horas o cerrar a la hora de la siesta. Se calcula que en Argentina hay un kiosco cada 400/500 habitantes. Son una pequeña empresa pero también el primer rebusque cuando el desempleo golpea a una familia y se abre la persiana de la ventana que da a la calle con un cartel escrito a mano. El kiosco se sabe que es un invento argentino. Nació en el siglo XX en casas familiares.
El kiosco es un negocio típico de economías de crisis. Se necesita en primer lugar, una baja inversión inicial, apenas lo necesario para el primer stock y un alquiler casi siempre bajo debido a que los kioscos se acomodan en lugares pequeños. A veces ni siquiera hace falta alquilar un lugar, porque se puede poner en un garaje de una casa. El kiosco se convierte en un rebusque ideal cuando aumenta la desocupación.
No hay una única forma de definir un kiosco para un argentino. Puede ser un lugar muy bien armado y diseñado con una estructura espectacular o puede ser un “pasillito” que cumple la misma función que el que se ve “lindo”.
Habrá kioscos dentro de 50 años o serán reemplazados por servicios de entrega online? Es difícil saberlo pero este ícono argentino sobrevivió a tantas modas que parece difícil que no pueda seguir reconvirtiéndose.
Lo que es parte de la identidad argentina subsiste siempre, más allá de los cambios y siempre habrá alguien dispuesto a abrir su propio camino. El kiosco es muy argentino porque los argentinos somos emprendedores. De hecho, cuando alguien tiene un trabajo alternativo o empieza una actividad lateral decimos “abrió un kiosquito”.
Esteban, dueño de un kiosco visitado dijo: “El kiosco es mi vida, yo no podría vivir sin él, tengo contacto con la gente, me hacen sentir bien”.
Como para cerrar, un texto de Eduardo Sacheri donde habla y demuestra el sentimiento del argentino a la hora de hablar de un kiosco, porque para nosotros es como si fuera un orgullo, es una costumbre del país, no se encuentra en otra parte del mundo.
Eduardo Sacheri, una pluma autorizada a la hora de describir el ADN argentino mezclando nostalgia con el pulso de los tiempos, escribió una semblanza de este ícono, destacando que el kiosco es un sitio en el que pasamos gran parte de nuestra infancia pero también el escenario de la transición hacia la madurez: es el primer lugar al que nuestros padres nos dejan ir solos.
”Y llega un día en que tu padre o tu madre te convocan, se toman un segundo para mirarte, como si te estuvieran midiendo. Te aclaran (porque se lo están aclarando a ellos mismos, a sus propias dudas) que tengas cuidado. Que mires al cruzar, que ojo con el colectivo, que estés atento a la chicharra de la barrera. Y vos entendés. Entendés que se acabó eso de ir de la mano. Que terminaron, por fin, las miradas fastidiadas de tus hermanos. Que terminó eso de ser un simple ladero en una misión que te desborda. Que las próximas palabras que va a soltar tu padre, o tu madre, mientras alarga un billete por encima de la mesa, son, ni más ni menos, las cinco palabras que estás esperando desde hace tanto, tanto tiempo: ’Necesito que vayas al kiosco’”, firma Sacheri.




